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Columnas la Laguna

IBERO TRANSFORMA

SER MUJER

ZAIDE P. SEÁÑEZ MTZ.
martes 14 de septiembre 2021, actualizada 8:23 am


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"No nacemos como mujer, sino que nos convertimos en una". Esta frase es de Simone de Beauvoir, escritora francesa que en el siglo XX luchó por los derechos de las mujeres. Su obra El segundo sexo (1949) fue un pilar del movimiento feminista en el cual se revelaba contra el papel asignado de esposa y madre, consecuencia de una educación patriarcal. Coincido con la señora Beavouir en que ser mujer es más que un concepto social; es algo que se construye, deconstruye y reconstruye. Hay muchos factores que se suman a ese proceso, tales como el biológico, el intelectual, el espiritual, el social, el económico y el laboral.

La Organización Internacional del Trabajo establece que la equidad de género consiste en ofrecer las mismas oportunidades de promoción y espacios de capacitación para hombres y mujeres. Se refiere a que haya equidad entre el número de puestos directivos liderados por ambos y entre los salarios. En México son muy pocas las empresas que cuentan con CEO mujer, o que las incluyen en sus consejos directivos. Hay estudios que establecen que de eliminarse la brecha salarial el producto interno bruto de los países podría aumentar hasta un 26%. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico pone de manifiesto la gran desventaja del género femenino en todos los aspectos de la vida. Esto no es privativo de los países menos desarrollados, pues se presenta en los países avanzados. Por ejemplo, la brecha salarial europea -la diferencia entre el salario medio percibido por hombres y mujeres- es del 16.7%, según datos del Informe Eurostat 2016. La equidad laboral mejora el clima organizacional, ya que genera ambientes de igualdad, respecto, seguridad y confianza.

Es frustrante que la falta de reconocimiento a la mujer no sólo se dé en los centros de trabajo; socialmente se le asigna el rol de responsable de las tareas domésticas y de la educación de los hijos, por lo que en muchas ocasiones esto no logra equilibrarse con sus anhelos personales y profesionales, tan válidos como los del hombre. Aunque poco a poco se han logrado cambios en lo cultural y lo educativo, hace falta trabajar fuertemente en aspectos que aumenten la participación de la mujer en la vida productiva. Por ejemplo, la creación de marcos regulatorios que garanticen la equidad laboral en las empresas en los puestos de liderazgo y toma de decisiones; mayor flexibilidad en los horarios de trabajo; licencias de paternidad para que los hombres participen más en la crianza de los hijos, así como romper estereotipos de género en las profesiones, puestos de trabajo y labores domésticas.

La equidad de género es un detonante del desarrollo económico y social de cualquier país. Empieza desde la igualdad en el hogar, para luego luchar por ella en la escuela y en el trabajo. Inicia con el compromiso de la mujer hacia ella misma y con su hermandad femenina (sororidad). Es urgente que la mujer sea la primera convencida de su valía. Ser mujer no es un mandato, es un destino al que se aspira; es más que un estilo de vida, es una decisión de ser, hacer y trascender. Aún nos falta mucho por lograr. Mujeres, eduquemos a nuestras hijas e hijos para un mundo más igualitario y justo. No me resignaré que a mis hijas, y a todas las niñas del mundo, les sean arrebatados sus sueños y todas sus posibilidades de llegar a convertirse en la mejor versión de sí mismas.

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