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El Último Round

EL DÍA QUE POR POCO CONOZCO A MI PELEADOR FAVORITO DE UFC

Wendy Arellano
TORREÓN, COAH., jueves 06 de agosto 2020, actualizada 8:09 am


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Me encuentro en la línea express que me llevará de Brooklyn a Manhattan, son 8 estaciones antes de llegar a 34th Street; incluyendo 7 Avenue, y Canal St Station. Decenas de personas se aglomeran delante de mí para poder acceder al tren.

• Excuse me – Escucho impaciente detrás de mí, mientras me incorporo entre la multitud para ceder el paso. Camino por Times Square, en dirección a la academia Renzo Gracie, en la calle 33, entre la séptima y octava avenida. Abro la puerta, y me despojo de mis audífonos, no sin antes atisbar rápidamente el lugar.

Para mi sorpresa reconozco un rostro familiar, es alguien que ha emergido por la puerta y la ha cerrado en silencio tras de sí. La clase está a punto de comenzar, así que no reparo más en aquel sujeto que tanto se parece a mí peleador favorito de UFC. Decido no distraerme y enrollo mis vendas a toda velocidad. El entrenador tiene razón: debería calentar. No lo haré, pero quizá sí debería.

Todos comienzan a trotar en derredor al tatami, así que me incorporo tarde a los ejercicios de calentamiento. Y, para mi suerte, una lesión antigua emerge dentro de las profundidades de mi rodilla, y caigo sobre la lona a escasos segundos de mi primer entrenamiento de Muay Thai.

El entrenador se acerca de inmediato, extiende la mano para ayudar a incorporarme, sugiere que descanse y deje la clase para después. Yo, obedezco muy a mi pesar. Sin más por hacer, decido explorar el lugar, y contemplo embelesada las paredes que albergan el linaje Gracie, incluyendo, (por supuesto), al miembro del salón de la fama de UFC, Royce Gracie y todo su legado.

Miro de soslayo, y atisbo una segunda presencia que se dirige a la parte subterránea, donde se encuentra la clase de Jiu-jitsu. Bajo la escalera a toda prisa, (intentando despejar aquella duda, que ahora me parece más a una certeza). Miro a un lado y luego al otro, como si estuviera a punto de cruzar la calle, (con el perdón de la libérrima comparación). Y, de pronto, reconozco al excampeón de peso wélter de UFC, George ST- Pierre.

Está ahí, tomando agua y, mientras estudio la nuez de su garganta mientras sube y baja, escucho nuevamente una voz detrás de mí:

• Excuse me – (Es la segunda vez en el día que alguien me interrumpe de esa manera). Y me retiro resignada al comprender que no puedo presenciar la clase de avanzados. Mientras me dirijo a la estación de Pennsylvania para tomar el tren que me llevara a casa, cavilo en la oportunidad que acabo de dejar ir. Y, de pronto, ¡ahí está él!, escondido a plena vista entre la multitud de Times Square.

Fin.

Wendy Arellano [email protected]
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