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EDITORIAL

El pronóstico del tiempo: otras graves confrontaciones geopolíticas se avecinan

JORGE ALVAREZ FUENTES
miércoles 27 de mayo 2020, actualizada 7:54 am


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Mientras las olas gigantes del "tsunami" de la pandemia del COVID -19 y la crisis global sanitaria y económica desencadenadas por aquella continúan golpeando con fuerza todos los países del mundo, arrasando a su paso, en pocas semanas, con millones de empleos, socavando objetivos y posibilidades de crecimiento y desarrollo sustentable y lanzando a millones de personas y comunidades hacia un futuro incierto, arrojándolos a la precariedad y la pobreza, un conjunto de "tormentas", "huracanes" y "tifones", de índole y dimensiones geopolíticas y geoeconómicas, que ya se venían gestando de tiempo atrás, amenazan ahora, en el horizonte, con irrumpir y prolongarse, en medio de esta crisis global de colosales proporciones, cuyas graves secuelas se extenderán por años, marcando el presente y futuro de generaciones. El 2020 no será un año más de un proceso dilatado de varias crisis simultáneas en el calendario gregoriano o confuciano, o un año de consecuencias funestas para la vida cotidiana de miles de millones de personas. Será, seguramente, un mórbido referente temporal, de tiempos aciagos e inciertos, que será recordado por tan inesperados e inciertos escenarios de devastación provocados. La primera de estas tormentas, la que quizás mejor podemos avizorar, es la actual confrontación por la supremacía en los asuntos mundiales, entre Estados Unidos y China, la cual ha transitado en pocos meses de una guerra comercial mediante la imposición recíproca de aranceles y que había alcanzado en fecha reciente una frágil tregua, a una renovada disputa por la supremacía tecnológica, en torno a la expansión del gigante tecnológico chino Huawei y la implantación de red 5G, hasta llegar, en las últimas semanas, a enfrentamientos de naturaleza política sobre la presunta responsabilidad atribuida por EU a China ante el brote y la propagación del coronavirus, choques que sitúan, de nueva cuenta, a las dos primeras economías del mundo en una trayectoria de desconfianza y confrontación, en una regresión a una indeseable nueva guerra fría. El lenguaje belicoso y pendenciero de sus líderes y voceros no deja lugar a dudas.

Sin embargo, esta no es la única tormenta o confrontación geopolítica que cabe vislumbrar con temor en el panorama. La creciente desconfianza, desencuentros y diferencias entre Estados Unidos y Rusia acaban de provocar, en los últimos días, el fin del llamado Tratado de Cielos Abiertos, el cual entró en vigor en 2002, permitiendo a más de una treintena de países verificar y transparentar, en forma concertada, por medio de sobrevuelos, el desarrollo de sus respectivas actividades, capacidades e instalaciones militares, contribuyendo así a vigilar el control de armamentos. Con ello, las principales potencias y sus aliados, encabezados por Estados Unidos, han abandonado y vuelto a dejar de lado otro de los acuerdos (junto con el acuerdo sobre el programa nuclear de Irán y el de los miles de alcance intermedio) que contribuyeron a cimentar el diseño multilateral y la edificación de la arquitectura de la seguridad internacional de la post guerra fría. El constante asedio estadounidense sobre Irán, con nuevas sanciones y amenazas, desde comienzos del año, y un mayor cerco y presión sobre el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela se han ido recrudeciendo con el paso de los días. Se han abiertos nuevos frente entre EU e Irán en relación con la ayuda internacional de este último, mientras otros conflictos internos y externos, y amenazas regionales han vuelto a encenderse como es el caso de las protestas en Hong Kong ante la imposición de la ley de seguridad nacional por parte de China, que pone fin al acuerdo fundamental de "un país, dos sistemas", junto con un mayor agravamiento de las guerras y conflictos fratricidas en Libia, Siria y Yemen o la perspectiva sombría de actividad nuclear norcoreana y una próxima anexión de los territorios palestinos ocupados.

Mientras el Consejo de Seguridad vuelve a mostrar inoperancia y parálisis debido a los bloqueos rusos o estadounidenses, la ONU se muestra rezagada frente a la pandemia y la crisis global en sus múltiples facetas y dimensiones. La Organización Mundial de la Salud y el conjunto de la comunidad internacional, así como las autoridades sanitarias de los principales países intentan establecer bases mínimas para colaborar en la producción y distribución universal de una eventual vacuna, esforzándose en contener y contabilizar de manera precisa y confiable los millones de personas infectadas, fallecidas y recuperadas a causa de esta nueva amenaza, que paradójicamente provino de un virus nuevo, de una epidemia y no de una confrontación militar, mientras proliferan las armas autómatas letales, aviones, drones, robots, cohetes, misiles y satélites que están siendo probados. Hay nuevos programas de desarrollo industrial y tecnológico acelerados que están siendo financiados e impulsados, cuyo objetivo expreso es establecer nuevas formas de predominio sobre el espacio extraterrestre, las regiones árticas, el subsuelo marino y el ciberespacio, para lo cual continúan acrecentándose los presupuestos militares y se siguen aceitando las relaciones de colaboración y subordinación respecto de los complejos industriales vinculados a la defensa.

Urge entender y actuar ante el pronóstico del tiempo, ante la extrema gravedad del momento, como una llamada de atención para repensarnos como mundo, como sociedad, como nación y como individuos. Máxime que aún es posible intentar "resetear" el concierto internacional, antes de que las guerras y confrontaciones presentes y las que se avecinan, terminen por acelerar, con el motor de la pandemia hasta poner en riesgo el futuro del planeta y nuestra propia sobrevivencia.

@JALvarezFuentes
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