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EDITORIAL

Obstinamiento

Diálogo

YAMIL DARWICH
jueves 14 de mayo 2020, actualizada 8:10 am


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Dice el diccionario que obstinarse refiere actitud de cerrazón a toda opinión ajena a la propia y ofrece sinónimos tales como: "obcecarse, empecinarse, empeñarse, obsesionarse, emperrarse, insistir, machacar, aferrarse, metérsele en la cabeza, no dar el brazo a torcer, seguir en sus trece".

Desafortunadamente, me parece es la postura presidencial, resistente a repensar el idealismo al instalar la llamada "4-T".

Ese idealismo, cuando llega a la obstinación, desencadena efectos adversos que obstruyen su propósito inicial; pudiera ser bueno, pero requiere de capacidad para escuchar a opositores; cuando no es así y se insiste en la postura ideal/mental vienen rompimientos y respuestas radicalizadas, quedando como opción la represión, más que conciliar. Ahora estamos militarizados; ¿preparativos?

Cuando se insiste en tal postura, se puede llegar a alternativas con uso de fuerza para lograr propósitos y, en política ha sucedido a lo largo de la historia con el establecimiento de dictaduras, luego monopolios estatales, generando decaimiento general del Estado.

Quizá, los propósitos no sean malos, declarando "por el bien de todos, primero los pobres" y la ansiedad sea generada por la larga espera -tres sexenios- para poder aplicar sus ideas; lo negativo está en el contexto social, político y económico mundial: ¡las formas de vivir cambiaron! y regresar al pasado es imposible, considerando el posmodernismo del planeta.

Aislarse tampoco es opción, según lo comprobado en países que así lo decidieron, como Corea del Norte y algunas otras naciones. Venezuela es tema aparte, ahí debemos agregar incapacidad personal, profesional, corrupción y esquizofrenia, generando obstinamiento por el poder, todas particularidades malignas del dictador.

Las resistencias que enfrenta AMLO, al interior, son ejercidas por diferentes grupos políticos, económicos, religiosos y hasta científicos, todas visiones administrativas distintas. Del exterior, la reorganización económica y política, el dinamismo dado por la ciencia y la tecnología aplicada y las tendencias público-administrativas actuales.

En oposición, en México estamos aferrados a una idea de Estado diferente, actuando en plena contracorriente, opuesta al mundo productivo.

Desafortunadamente, la efectividad exige no sólo ¿qué queremos?, sino ¿qué podemos hacer? y cuando se va en contra de la realidad, hasta ahora, el resultado ha sido fracaso y pobreza.

El costo Usted lo conoce como pobreza extrema: alimentaria, habitacional, educativa, en salud y hasta carencia de esparcimiento -le llaman miseria- y sabemos de países -Cuba, Venezuela- que siguiendo ese camino martirizan a su población.

Así, ejerciendo poder y autoridad desmedido, cancelamos la construcción del aeropuerto de Texcoco; iniciamos la construcción de otra refinería en Dos Bocas; almacenamos un avión y ¡lo rifamos sin sortearlo!; repartimos dinero y continuamos con el propósito de interconectar el sureste con un tren y un corredor interoceánico. Todo desaprobado técnicamente.

Las sumas calculadas para tales obras ya han sido publicadas, denuncian su alto costo y la necesidad de encontrar recursos extraordinarios para sostenerlas; para ello, desatendemos el desarrollo general. La solución errada: recorte presupuestario.

También rompimos con la efectiva capacitación para la productividad, con la que podríamos alcanzar plena libertad de decisión y acción; preferimos -todos lo hicimos al elegir presidente democráticamente- "premiar la ineficiencia social", becando a jóvenes que no han entregado el esfuerzo-resultado esperado y/o repartimos dinero a desempleados y ancianos, más con tintes electoreros que buscando eficiencia solidaria. Pareciera intencional crear "tontos útiles, votantes incondicionales".

La diferencia entre inversión y gasto estriba en que el primero genera riqueza y el segundo pobreza. También la historia lo ha demostrado sobradamente "no dar un pescado, sino enseñar a pescar". Premiar la ineficiencia es tirar dinero.

Llamar a "trabajar por México" basados en la "unidad nacional", requiere de congruencia entre lo que se dice y se hace. Ahora, los mexicanos, hemos sido reclasificados como fifís y chairos, provocando el divisionismo entre unos y otros.

Las declaraciones claramente señalan desprecio patológico a "los que más tienen", incluyendo a minoritarios clase-medieros, que sufren las consecuencias de tales disposiciones. También a profesionistas.

A la petición de diálogo de empresarios y gobernadores, la negativa viene acompañada de agresiones de senadores y diputados morenistas, quienes con propuestas promueven discrepancia social, política y económica. Así, la presión genera distanciamiento de clases. ¿Intencional?

Ya aparecieron posturas rebeldes de todos los sectores y la respuesta ha sido cerrazón; para los gobernadores del norte -Tamaulipas, Coahuila, Nuevo León, Durango, unidos Michoacán, Jalisco y otros que lo piensan: el silencio y pretensión de negociar por separado, técnica del pasado; para los empresarios que "se fueron por la libre", ejerciendo su derecho a subsistir y permitir sobrevivir a empresas y empleados, la advertencia: "no me gusta el modito" y "¿qué, nosotros estamos aquí de floreros?".

Luego, buscar acceso ilimitado -al declararse emergencia nacional- de todos los recursos nacionales, propósito identificado como represivo, autoritarismo y pretensión de control total.

El federalismo corre peligro y pareciera que vamos hacia una nueva lucha de clases. ¿Está consciente?

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