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Columnas la Laguna

IBERO TRANSFORMA

La repetición o lo efímero en el arte

DR. SERGIO GARZA
miércoles 15 de mayo 2019, actualizada 8:03 am


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Hoy en día, la Gioconda es la obra de arte que ha sido reproducida y vista más veces que cualquier otra pintura en el mundo. Sin embargo, los últimos estudios mencionan que el visitante promedio que acude a verla en el Museo del Louvre sólo la observa durante un total de 3 segundos, en promedio. La Mona Lisa, uno de los mejores retratos del Alto Renacimiento italiano, se ha convertido en un ítem más del checklist de las personas que turistean por París. Robert Hughes, crítico de arte, ve un profundo malestar y huele la podredumbre de un sistema que vincula el arte con la ganancia económica: "Cuando el arte está tan atado al mercado, algo se pierde. Eso pasó cuando la Mona Lisa vino a América. La pintura dejó el Louvre, pero su significado se quedó detrás." "El mundo del arte y de los museos de hoy en día copia la cultura del entretenimiento, movida por el dinero, y obsesionada con los famosos. Tienen la misma fijación por la fama, la misma obediencia a los medios de comunicación masiva, que atrapa nuestra atención con sus ruidos y flashes." Así, quizá la Mona Lisa sea la obra que todo el mundo ha visto, pero con cada postal, con cada póster, con cada una de los millones de reproducciones que se han hecho en tazas, servilletas, trapos, lápices, borradores, y demás productos dirigidos a sacar algún dinero, quizá se convierta en una de las obras más despojadas de su sentido.

Pronto, los comerciantes se pusieron el reto de imprimir el rostro de Lisa Gherardini, en cualquier objeto en donde fuera posible. Los turistas habían ido al Louvre a contemplar el hueco que había dejado la Mona Lisa de 1911 a 1913, y, después de la guerra, volvían para contemplar la obra maestra recuperada, y llevarse algún recuerdo de su visita por el Museo del Louvre. Para 1919, la imagen era parte de la cultura popular francesa y de buena parte del mundo.

¿En dónde radica el arte? Para Marcel Duchamp el arte estaba ahí afuera, esperando que un artista elevara los objetos al mundo de las obras de arte. Por su parte, Andy Warhol cuestionó el estatus del arte al pintar primero dos Mona Lisas, luego pasó a cuatro, y al final tituló a la multitud que había impreso, Treinta son mejor que una. Quizá por esta cuantificación y producción en masa hay propuestas efímeras como The Maybe, obra en que la actriz Tilda Swinton durmió la siesta en una vitrina expuesta en el Museo de Arte Moderno de Nueva York bajo la idea de que el arte "ahora lo ves, ahora no lo ves". Quizá estas obras vivientes y fugaces despierten más la atención de los visitantes a los museos.

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