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EDITORIAL

De '1984' a WikiLeaks

Metáfora Ciudadana

LUIS ALBERTO VÁZQUEZ ÁLVAREZ
sábado 20 de abril 2019, actualizada 9:48 am


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George Orwell debe ser considerado el máximo profeta del siglo XX, su ficción política descrita en su obra "1984" ya se convirtió en realidad social. Abril de 1984, en Oceanía, superpotencia totalitaria europea, el partido lo domina todo; en cada casa u oficina están instaladas pantallas de vigilancia a fin de saber si alguien está tramando algo, pero también para transmitir las únicas ideas que el pueblo debe observar. Incluso, las relaciones humanas son controladas por el Ministerio del Amor y todo, absolutamente todo, por el "Hermano Mayor" que siempre está atento a enviar mensajes para mentalizar en las políticas del partido a los ciudadanos, quienes están obligados a suspender sus actividades ordinarias para cumplir con los "2 minutos de odio". La historia es modificada y manipulada según los intereses políticos; la opacidad lo envuelve todo y se busca mantener el poder a cualquier precio. Existe una Hermandad de revolucionarios que no está de acuerdo con la forma de estado, por ello se integra una Policía del Pensamiento que investiga cualquier idea "subversiva".

Orwell intentaba con su libro ofrecer a los ingleses de los años 50´s la imagen de cómo sería, si un país libre como el suyo, estuviera bajo un régimen totalitario, tipo nazi o bolchevique. El personaje central de la obra representa a personas desesperadas por salir de esta opresión y romper los moldes de sumisión, aceptan y creen ciegamente en supuestos revolucionarios que en realidad resultaron policías y los condujeron a la cueva del lobo. Ahí pudo entender que la misión del gobierno era controlar las mentes de personas, reeducando a quienes tenían criterio diferente, metiéndoles en la cabeza que lo negro era blanco; que no solo lo pensaran, sino que se lo creyeran, =el "Hermano Mayor" siempre tiene la razón=. Al final el partido vence y la sociedad sigue igual; el sistema nunca será cambiado. Orwell termina su obra con las palabras: "Él amaba al Gran Hermano".

Hoy, la vida social gira como lo descrito en "1984"; seguimos en la misma tónica de olvidar el pasado y vivir un eterno presente divorciado de los derechos humanos, en especial de la libertad. El control al pensamiento se manifiesta lo mismo en el capitalismo y sus satélites y en el socialismo. La fantasía orwelliana, con la tecnología virtual y las redes sociales la han convertido en realidad vigente. A través de la fuerza de la ignorancia, los malos se convierten en buenos; aquí y en todo el mundo; son esos que como él argumenta: "Dedican sus vidas a la conquista del mundo, pero están convencidos al mismo tiempo de que es absolutamente necesario que la guerra continúe eternamente sin ninguna victoria definitiva"

La detención en Londres esta semana de Julián Assange, hacker que sacó a la luz los trapos asquerosos del gobierno norteamericano en su portal WikiLeaks, donde exhibió hechos terribles como la matanza de 12 iraquíes inocentes (entre ellos 2 reporteros de Reuters) por soldados gringos, asesinándolos como en un videojuego, recordar My Lay Vietnamita o las atrocidades en Guantánamo; son ejemplos de las revelaciones que él presentó a la humanidad; reflejando la barbarie eterna de las tropas norteamericanas en todo el mundo; eso lo hizo "reo de pena capital" para Washington. Crímenes de guerra ocultados por el Pentágono y conocidos gracias a ciudadanos anónimos infiltrados en las estructuras del pentágono. Si se condena a Assange, deberá ampliarse el castigo a varios diarios americanos y británicos que publicaron sus filtraciones y a infinidad en el mundo que más tarde las reprodujeron. Castigarlo como ejemplo para evitar futuras revelaciones ya no es viable; varias organizaciones han amenazado con ampliar las filtraciones en caso de que algo le suceda a este personaje.

Otro ejemplo de rebeldía al "Gran Hermano" fue Edward Snowden; quien en 2013 publicó documentos clasificados como "alto secreto" del gobierno americano en varios medios de comunicación; gran defensor de la libertad de expresión, especialmente en la internet, sentenció: "La Ley no reemplaza a la conciencia". Ha sido galardonado, se han escritos libros y filmado una película sobre su actuar. Actualmente refugiado en Rusia.

Todo lo anterior nos recuerda el reportaje del New York Times sobre el espionaje en México a activistas y periodistas bajo los gobiernos prianistas a través del software "pegasus"; ¿duda que el actual lo esté haciendo…? Ello nos coloca precisamente en aquella Oceanía de Orwell; no solamente se viola los derechos esenciales, sino la privacidad y la posibilidad de que podamos defendernos de los abusos de poder. Pero no exclusivamente los gobiernos son maquiavélicos, los particulares también poseen infernales oportunidades de "espionaje" a través de artefactos baratos y fáciles de adquirir, incluso para vigilar a la pareja, al socio o a quien se desea perjudicar.

Para salir delante de esta abominable situación que nos condena a ser "cosificados", objetos del poder en turno, es indispensable saber quiénes somos; cuál es nuestra historia y cómo los gobiernos nos han convertido en marionetas. Discernir que no venimos de la nada y discurrir a dónde vamos. Necesitamos "salvar los agujeros de la memoria" donde el soberano tira lo que no debemos recordar; un agujero negro de la vida social y personal, cuyo horizonte de sucesos es determinado por las autoridades y nuestra mente lavada con tal fuerza que aceptamos lo que se nos diga sin meditar y menos aún, razonar. Que la historia no escriba sobre esta generación: "Ellos amaban la opacidad".

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